domingo, 13 de diciembre de 2020

Esclusa 7

Localización: Herrera de Pisuerga

 

Las esclusa y elementos complementarios

La esclusa tiene forma oval, puente de paso y boquillas para el batán. Se construye como todas las precedentes con sillería de piedra caliza.

Esta esclusa se libró de que perforaran una de sus paredes porque el aliviadero desagua en el canal de derivación del antiguo batán. También es de agradecer que en la retención se hayan abierto esas aparentes ventanas que posibilitan la visión del Canal aguas arriba de la esclusa. En la parte inferior izquierda de la segunda imagen se distingue el rebaje en el muro correspondiente al telar o guardapuertas.

Aliviadero y caja de boquillas

El puente de la esclusa es de medio punto y se conservan los pretiles y las aletas.



Además del puente de la esclusa existen otros dos en la margen izquierda, a la entrada y salida de la derivación, que permiten la continuidad del camino de sirga. 

Primer puente de la derivación

Segundo puente de la derivación

Desagüe de la derivación en el Canal

El Batán del rey 

En 1791, según testimonio de Jovellanos, se había instalado un batán de paños junto a la esclusa 7.a del ramal Norte, dotado con dos ruedas y seis pilas. En abril de 1792, Juan de Homar propone al secretario del despacho de Hacienda, Diego de Gardoqui, que se habilite dicho batán de paños como batán de pieles, de antes, gamuzas y demás, propuesta aceptada por el secretario de Estado. Mediante un oficio de 16 de octubre de 1793, Juan de Homar y Juan Mozo remiten a Gardoqui muestras de los primeros ensayos que se han hecho en el batán, y en otro de 3 de noviembre de 1793 se concreta la dotación del batán con dos ruedas y cuatro pilas y que aún sigue sin arrendar en ese momento.

En la Memoria de los edificios, máquinas, tierras… de 1800, Juan de Homar completa la información sobre las dotaciones del batán: «este edificio tiene todas las comodidades que se necesitan en tendederos, pelambres, noques, tinas y prensa, con una tahona para moler la corteza y cedazo para cernerla, todo movido por el agua» de manera que ya no es necesario el empleo de animales ni realizar a brazo las tareas típicas de pelar, descalar y zurrar. «También hay una casa separada que admite cómodamente diez familias». En este documento Homar no precisa si el artefacto estaba arrendado o se mantenía la administración de la Real Hacienda. La real fábrica de antes y curtidos del batán disponía también de un oratorio. 



Con posterioridad, la retirada de la dotación económica y los problemas que sufrieron los molinos y fábricas durante la Guerra de Independencia explicarían la falta de información sobre el batán hasta 1821. Efectivamente, según se expresa en el documento sobre «el listado de productos de los artefactos del real Canal de Castilla»[5], la fábrica de la 7a esclusa de antes y curtidos fue habilitada para la elaboración de harinas con la concesión del barco que se construyó en 1807. La habilitación costó 32.733 reales que adelantó D. Balbino López. La fábrica se puso en marcha mediante su arriendo, desde el 31 de octubre de 1821 hasta igual día del año de 1824, por una renta de 12.000 reales cada año.  El arriendo prorrogó por anualidades o por periodos más amplios hasta el 31 de octubre de 1837, por una renta de 15.110 reales anuales.


La descripción y tasación de los artefactos situados en la línea del canal, elaborado en febrero de 1828 indica que el artefacto tenía 211½ pies de largo, 115½ de ancho medio y 31 de altura media. En la referencia no se describen las distintas instalaciones que lo componían. Por el contrario, el inventario de edificios y artefactos del Canal de Castilla, redactado en junio de 1831, permite comprobar la reconversión del batán de antes y curtidos en un molino harinero y descubrir algunas dependencias del antiguo batán. Según la descripción del inventario, el edificio destinado para curtidos de cueros tiene forma rectangular, de 66 pies por el lado mayor, 30 ½ el menor y 30 la altura; consta de 2 cuerpos en los que se halla colocado un molino harinero con 3 piedras, sirviendo las demás oficinas que contiene de depósito de granos, harinas y máquinas de cedazos y ventadores. Contiguo a este edificio se hallan dos departamentos en forma de alas, en los cuales están construidos en forma de martillo un total de 38 noques de sillería y 26 de mampostería. En el promedio que forman dichos departamentos hay un patio o corral.

A continuación de este hay otro edificio que anteriormente sirvió de almacén de curtidos de pelo y hoy de granos, el cual forma otro rectángulo de 101 pies, 79 de latitud y 22 de altura, con dos cuerpos y un patio de luces en su interior. Separado de este edificio destinado al día de taberna y antes pudo servir de almacén de cueros al pelo. En el primer piso y en el segundo, habitaciones o viviendas para los dependientes u operarios de este establecimiento. A poca distancia de este, se halla un pequeño cuadro, con su cubierta de tejado, y en el interior un horno para cocer pan. El inventario de 1851, al tiempo que reproduce el contenido del de 1831, añade que «sobre este molino se ha montado una fábrica de harinas con 4 pares de piedras». Esta transformación, según Moreno Lázaro, fue obra de la sociedad Mora y Portilla que en 1839 había tomado en arriendo el molino y propuesto aumentar la capacidad de molturación del mismo, cuyas obras no comenzaron a ejecutarse hasta abril de 1843, mediante las cuales se introdujo una piedra más movida por un rodezno en el desagüe.  

 

El 18 de agosto de 1866 se produjo un incendio a raíz de una tormenta eléctrica que se propagó a todo el cuerpo de la fábrica y a todos los pisos y armaduras del tejado a la vez, afectando también a la maquinaria. Como consecuencia, la actividad industrial quedó paralizada. La reedificación de la fábrica corrió a cargo del nuevo arrendatario, Justo Gutiérrez Vélez, yerno de Francisco Illera, quien en 1880 abonaba una renta anual de 20.000 reales, según Moreno Lázaro. Al parecer, para la reconstrucción de la fábrica se utilizaron materiales procedentes de los edificios derruidos de las casas de Abánades, del almacén de las esclusas 11 y 12, de los almacenes de Bárcena, de puertas de esclusa y de la sierra mecánica, tal como se recoge en un documento custodiado en el Archivo Histórico Provincial de Valladolid.

  


La descripción que de la fábrica de harinas se hace en el inventario de 1919 ofrece un dato llamativo en cuanto a la forma de la misma: «su figura es un polígono irregular de diez lados sobre donde se elevan dos cuerpos generales». El primer cuerpo, que constituye la fábrica propiamente dicha, consta del departamento de aguas, en el que se encuentran cuatro rodeznos, y tres pisos con desván en los que hallan colocadas tres pares de piedras y la maquinaria y útiles necesarios para la limpia del trigo y el cernido de las harinas. En el segundo cuerpo están instaladas las habitaciones para el arrendatario o mayordomo de la fábrica.


 

Las dos campañas de excavación realizadas en el ámbito del antiguo batán, en 1986 y 1987, a cargo de Ma Francisca Represa y Javier López Linaje, han puesto al descubierto los restos de la transformación del primitivo batán de paños en un batán de pieles proyectada por Juan de Homar en 1792 y que se hallaba oculta bajo los escombros y la vegetación. Los restos más significativos son un caz que circunvala la zona oriental de las instalaciones, tres fosas, dos pelambres, seis noques y, sobre todo, la tahona de casca, tal como se puede observar en el croquis elaborado por López Linaje. 


Fuente:Javier López Linaje en Actas del Congreso sobre conservación y desarrollo de los recursos del Canal de Castilla, pág. 259. Adaptación propia

Los restos descubiertos ponen de manifiesto que todas las instalaciones fijas y tareas señaladas por Juan de Homar siguen estando presentes en el batán de la séptima esclusa: pelambres, noques, tinas, tahona para moler la corteza y cedazo para cernerla, así como las tareas típicas de pelar, descalar y zurrar. El proceso de transformación de las pieles en cueros se inicia con la tarea del remojo que se realizaba en las pilas o tinas; sigue el apelambrado o  depilación realizado en los pelambres, pozos llenos de cal matada disuelta en agua en los que se sumergían las pieles, lo que permitía que el pelo se desprendiera fácilmente; se sucede el «descalado» o desencalado que tiene lugar en otros pozos, llenos de agua mezclada con excrementos de animales, en los se sumergía la piel para eliminar los restos de cal; continúa el curtido, proceso fundamental, consistente en introducir la piel en los noques llenos de una solución de casca, obtenida en la tahona donde se molía y cernía la corteza rica en tanino; termina el proceso con el «zurraje» que, en el caso del batán, se realizaba con los mazos movidos por la energía hidráulica.     




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